Las editoras también lloran. Mis consejos para que tú no llores

¿Hay que echarle números a los sueños? Desde luego, para mí la respuesta hace ya más de diez años estaba clara y era un contundente ¡NO!

Poco a poco, el paso de los años fue construyendo una realidad sobre el mundo editorial que yo no había querido ver y que hacía que el agua subiese cada día un poquito más con la terrible amenaza de que me sobrepasara.

Como la típica escena de los protagonistas de una película atrapados en una habitación a la que empieza a entrar agua a raudales, en un primer momento miraba con toda la tranquilidad del mundo cómo el agua iba entrando en mi pequeña empresa editorial, pero bueno: “A la vida no hay que echarle números, y menos a los sueños. Ya bajará”, pero lo cierto es que no solo no bajaba, sino que iba subiendo poco a poco haciendo que mis ilusiones fuesen un poco menos divertidos, más fríos y, sobre todo, apareció una sensación extraña cargada de miedo, de incertidumbre y de desilusión.

Hablando con un buen amigo mío, también empresario, me comentó que estaba acudiendo a sesiones con un coach experto en productividad. También me habló de lo importante que había sido para él el parar y analizar el estado de su empresa y establecer estrategias que le permitiesen consolidarla y no navegar a la deriva. Yo no solo no estaba navegando a la deriva, sino que además, mi pequeña barquita tenía un buen agujero que amenazaba con un hundimiento lento y doloroso. Ver que me acercaba al precipicio y, alentada por la confianza ciega en mi amigo, decidí ir a este estupendo coach experto en productividad para ver qué me podía aportar. 

La primera sesión fue bastante dolorosa. No solo me aterrizó con preguntas sobre stock de libros, a lo que ya consideraba pérdidas a las que había que concretar con números, sino que también me preguntó sobre la estructura de costes de mi empresa. Esto de que a la vida no hay que echarle números está muy bien, pero cuando se trata de una empresa, los números aterrizan y dimensionan la toma de decisiones. Así que, aquella frase que yo me repetía para animarme se convirtió en una maldición. ¿Cómo podía haber sido tan ilusa? ¿Cómo no había reaccionado antes? Lo cierto es que, después de una buena llantera, pasé a sentirme víctima del sistema, de mí misma y de los autores a los que había publicado. Después pasé a la ira, primero conmigo, me sentía ridícula, ilusa e inmadura. Después pasé a los autores, me sentí defraudada por ellos. Yo que había hecho tanto por ellos. Yo que había luchado por visibilizar su nombre y su libro, que había conseguido entrevistas en programas de radio a nivel nacional o que sus libros campasen en las mesas de novedades de grandes librerías, me habían dejado colgada, no querían hacer presentaciones, ya estaban en su siguiente proyecto literario, etc. etc. En fin, que como veis no dejé títere con cabeza.

Mi querido coach, que se convirtió en un buen amigo, me dijo que el proceso de desmoronamiento que había sufrido y padecido era normal, que asumir la realidad cuesta trabajo, pero que el hecho de ser consciente de dónde estaba me permitiría analizar estrategias de futuro. Así que me puse manos a la obra y, después de un análisis pormenorizado, y sabiendo que no podía luchar contra el sistema, sino adaptarme a él o morir, inicié una serie de estrategias a corto y medio plazo que me permitieron ir tomando decisiones sobre mi pequeña y mojadísima empresa.

No os voy a cansar con estrategias de empresa, pero sí me gustaría compartir con vosotros las decisiones que tomé en torno a la relación de la editorial con los autores y autoras a las que publicar.

  • Decidí que publicaría a escritores que tuviesen cierto compromiso con su carrera literaria, de forma que pudiésemos asegurar un segundo libro para aprovechar el tirón del primero.
  • Empecé a no aceptar manuscritos que no estuviesen cerrados. Antes de esta decisión había corregido hasta el infinito y durante meses textos con miles de faltas de ortografía o con problemas de estilo o de estructura narrativa. Un trabajo ingente que nos llevaba meses de trabajo al autor y a mí. Siempre con la aceptación y la última palabra por parte del autor. Además así me aseguraba de que a la persona que publicase tenía oficio, profesionalidad y que se tomaba en serio su proyecto como escritor.
  • Segmenté el mercado de forma que focalicé en un público objetivo.
  • Mantenía reuniones con los escritores antes de firmar el contrato y, sin tapujos y con honestidad hablábamos sobre sus tiempos para las promociones, su compromiso en ellas. Establecíamos unos lazos de corresponsabilidad para que juntos avanzáramos posicionando su nombre como escritor y el de la editorial

Y, ahí va mi reflexión final, y es que a la vida sí que hay que echarle números, porque los números aterrizan los sueños, dimensionan y, es verdad que si uno construye solo el sueño, estás montando una realidad paralela que, cuando se cruza con la cruda realidad que, por supuesto no se parece en nada a lo que tú te habías montando, el golpe es tremendo. Por eso es importante que sepamos dónde estamos, cuál es nuestro objetivo, qué es lo que está en nuestras manos, cuáles son nuestras posibilidades desde el punto de partida en el que nos encontramos como escritores, dónde estoy y dónde puedo llegar. Sabiendo mi punto de partida tendré un camino. Un camino que se hace, se disfruta y se construye andando. Y todo sirve en esta vida, también los errores.

Lo que sí es muy importante es que la realidad no nos atenace, no nos paralice, no destroce nuestras ilusiones porque, siempre hay un camino. Y, conocer la realidad solo nos aportará conocimiento para ser más libres y conscientes en la toma de decisiones.

 

Como cada semana, os recordamos que ya tenéis disponible el último capítulo de nuestro podcast ‘Conversaciones con tu editora’, donde ahondamos un poquito más en este tema y que podéis escuchar tanto en Spotify como en Ivoox. También podéis encontrar el capítulo del podcast en nuestro canal de YouTube, donde compartimos estos y otros consejos.

¡Hasta la semana que viene, mentes creativas!

1 Comentario

  1. Acabo de escuchar tu experiencia dolorosa, y muy de acuerdo con las reflexiones.
    Te envio a continuación mi primera obra de autoayuda, ya registrada…y en fase de posible edición. Gracias por tu valentía, coraje y productividad y p ayudar a otros. Ojalá que podamos estar en conjunción y en los adecuados planos p poder publicar juntas. Gracias.

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