Un libro no es una pila de bloques de cemento

En un artículo de Juan José Millas descubrí un símil que me resultó muy interesante; comparaba la creación de una novela con la construcción de una casa.

Me encantó la idea porque efectivamente, un libro ha de desarrollarse a partir de un buen proyecto.

Un libro no es una pila de bloques de cemento, hierros y trozos de madera.

Por el contrario, y siguiendo con el artículo de Millás, el escritor ha de ir definiendo cada habitación, cada espacio. Primero montando la estructura, para luego ir puliendo todas y cada una de las habitaciones. Analizar bien por dónde entrará la luz en cada una de ellas y dónde hará más frío. Así tendrá claro dónde ubicar el sillón y dónde una manta.

De esta forma, cuando el lector entre en la casa construida por el escritor, no tendrá la sensación de caos. No se sentirá perdido.

Puede que la calidad de los materiales empleados no sean los mejores, pero si cada personaje responde a sí mismo y cada escena estructura la historia, entonces estamos ante un libro cómodo para el lector.

Una casa construida con malos materiales siempre será mejor que un montón de bloques de cemento, por muy buenos que sean.

Estoy convencida de que, cuando un escritor ha terminado su libro, lo que menos le apetece es iniciar esa tediosa fase de la revisión.

Revisar un libro es pasear por todas y cada una de sus habitaciones con tranquilidad, con sentido crítico e intentando respirar todos y cada uno de los aromas que desprende.

Si además vas acompañado por un editor profesional que analice los pormenores y te aconseje con respeto, la revisión de un texto se puede convertir en un proceso francamente enriquecedor para ambos.

Como editora de El ojo de Poe, uno de mis trabajos favoritos es la elaboración de informes editoriales.

Sé que no combino bien los colores, incluso pienso que tengo una especie de extraño daltonismo que me hace confundir el verde y el azul. Pero sé ver cuándo una estructura funciona.

Cuando una casa será acogedora para su morador. Y, querido escritor mío, no olvidemos que el morador de un libro es su lector.

 

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